El pasado mes de julio de 2026, Tasartico se convirtió durante unos días en nuestro pequeño refugio biocéntrico. Entre montañas volcánicas, mar abierto y la inmensidad de uno de los paisajes más hermosos de Gran Canaria, compartimos unas Biovacaciones concebidas para algo tan sencillo y, a la vez, tan necesario: disfrutar de estar vivas. Un grupo de mujeres maravillosas nos encontramos para convivir, descansar, danzar, crear y dejarnos acompañar por la naturaleza y por el ritmo tranquilo de los días.
Las mañanas comenzaban con yoga, despertando suavemente el cuerpo y disponiéndonos a recibir el día. Después llegaban los baños de mar, la piscina, las conversaciones, las risas y esos momentos sin programa que terminan siendo algunos de los más valiosos. Hubo también espacio para la creatividad a través de las manualidades y el modelado, incluida una experiencia especialmente significativa: modelar nuestro propio rostro, tocar con las manos nuestra forma, reconocernos desde otra mirada y permitir que la arcilla hablara también de nosotras.
Y, por supuesto, hubo Biodanza. Danzamos frente al océano, sintiendo el horizonte y la fuerza de la tierra bajo nuestros pies. Y vivimos una experiencia especialmente intensa con la Biodanza en arcilla, dejando que el cuerpo entrara en contacto directo con la materia, con la tierra, con lo primitivo y lo esencial. Movimiento, piel, agua, roca, música, encuentro… Tasartico parecía recordarnos continuamente que formamos parte de algo mucho más grande.
Pero quizá lo más hermoso de aquellas Biovacaciones fue la convivencia. La complicidad que fue naciendo, el cuidado mutuo, la alegría compartida, los abrazos, las conversaciones y esa preciosa sensación de pertenecer durante unos días a una pequeña comunidad. El Principio Biocéntrico dejó de ser una idea para convertirse en experiencia: poner la vida en el centro, respetarla, celebrarla y permitir que se exprese en todas sus formas.
Nos fuimos de Tasartico con arena en las cosas, imágenes inolvidables en la memoria y algo difícil de explicar con palabras. Porque hay experiencias que no se recuerdan solamente: se quedan en el cuerpo. Aquellos días junto al mar fueron una celebración de la amistad, de la naturaleza, del movimiento y de la alegría de compartir. Unas Biovacaciones para volver a lo esencial: la vida encontrándose con la vida.



